NO CEDER EN LOS SUEÑOS
Cuando vine
No había sitio e hice el sitio
Y puse las cosas patas arriba
Y también el corazón y no di
El brazo a torcer y aun espero.
SIEMPRE LA GUERRA
Yo me celebro en la poesía
Como quien celebra su boda con un cuchillo.
Chino Valera Mora.
Las revoluciones son culturales, o no son revoluciones. Livia Gouverneur lo sabía. Como joven buscaba la transformación social. Como ser humano, buscaba la transformación de sí misma. Premisas fundamentales para un revolucionario. Para los creadores. Para las creadoras.

Aportó a la construcción de un camino revolucionario con distintas armas. (Y subrayo la palabra). El teatro. El canto. La poesía. Lamentablemente, éstas armas, en un contexto en donde los jóvenes no tenían importancia para los poderosos, en un contexto en donde no había libertad de expresión, en un contexto en que no había apoyo a los artistas de izquierda, en un contexto en donde no había espacios para los trabajadores culturales, fueron insuficientes.
Y, precisamente porque esos contextos existían, no tuvo más opciones que tomar un arma definitiva, El Fusil. Así, la joven artista se hizo guerrillera de su ciudad, de su sentir, de su esperanza, de su arte.
Livia se ha multiplicado. Su acción se hizo poesía. Su muerte se hizo vida. Su convicción se hizo juventud. Su ejemplo se hizo el nuestro.
Hoy, los jóvenes creadores de Venezuela no hemos tenido más opciones que hacernos guerrilleros. Con las mismas armas de Livia. Con la misma conciencia.
A nosotros, trabajadores de la revolución cultural, no se nos ofrece a La Carlota para nuestros conciertos. A nosotros no nos dan El Parque Los Caobos (aunque nosotros sí estamos en contra del maltrato animal) para cantar. Nosotros no cantamos con la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Nosotros no “animamos” la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Nosotros no somos recibidos en los salones del Palacio Presidencial. A nosotros no nos pagan por cantar en Puerto Rico acerca de reggaetones que se meten por los intestinos. Nosotros no sonamos ni en los vagones del metro. Nosotros no somos tomados en cuenta para el Desarme. Porque a Ali Primera no le hacen homenajes en el Teresa Carreño. PORQUE NOSOTROS LOS JOVENES CULTORES NO TENEMOS LA “AMPLIA TRAYECTORIA” Y EL “RECONOCIMIENTO PUBLICO" QUE PIDE EL SISTEMA NACIONAL DE CULTURAS POPULARES PARA SER RESPETADOS.
Por eso y más, ¿acaso no es suficiente la trayectoria que nos da Livia Gouverneur la guerrillera de 20 años de edad que construyó el inicio de este camino que, 50 años después, estamos recorriendo?.
Y como buscamos una revolución cultural, no podemos quedarnos solo en la crítica, debemos aportar. Aportar no solo en lo artístico, en lo subjetivo, en lo expositivo. Aportar, esencialmente, en lo orgánico, en lo objetivo, en lo concreto. Eso hacemos cotidianamente.
La cultura engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.
El arte, por otra parte, es una herramienta para que el individuo descubra el sentido de su existencia y actúe en función de ello, con conciencia del valor histórico que tiene en la sociedad, sus derechos y sus deberes.
Somos artistas, sí. Pero no artistas del sistema capitalista. Eduardo Galeano dijo alguna vez: Somos lo que hacemos y, sobre todo, lo que hacemos para cambiar lo que somos.
Y es cierto. Hacemos arte. Pero, para cambiar lo que –aun- somos como sociedad, no basta ser artistas. Por eso somos trabajadores culturales.
En este sentido, con el arte como arma, nos concebimos como cultores y cultoras.
Me permito citar al antropólogo argentino Néstor García Canclini: “La cultura es un importante componente en el desarrollo socioeconómico, se advierte también que es un punto vital en la construcción de la hegemonía y la obtención del consenso político”.
Amigos, amigas, la cultura no puede ya considerarse una esfera especial de actividad de una minoría selecta creadora e instruida. Adoptemos como principio rector que nuestra política cultural debe ser una política de animación y de estimulo, que aliente el ejercicio de las facultades creadoras de cada uno de los venezolanos, de manera que las masas populares puedan participar en la elaboración de su propia cultura.
Cuidémonos de concepciones aberrantes en las cuales se hace creer que la cultura progresa, y sólo se trata de un poderoso caudillismo cultural
La transformación que buscamos es, exclusivamente, una acción cultural de naturaleza participativa.
Debemos profundizar en la concepción del ser humano como esencialmente creador.
Pues según decía Gramsci, también lo cito: “Al margen de su profesión, cada hombre tiene una cierta actividad intelectual y es, por consiguiente, un filósofo, un artista; tiene una línea consciente de conducta moral, es decir, contribuye a sostener o a modificar una concepción del mundo; a suscitar nuevos modos de pensamiento”.
Y nuestra revolución no podrá lograrse sin una conciencia colectiva que actúe para concretarse soberanamente frente a quienes la niegan. “Nuestra identidad sobrevive y nos permite reconocernos como fundamentalmente distintos a nuestros opresores” (Luis Britto Garcia). Identidad. De eso se trata. Identificarnos con el renacer. Con el cambio. Con nuestra cultura. Nuestras artes. Nuestros jóvenes.
Es nuestra obligación crear condiciones para que las alternativas culturales afloren y florezcan. La hemos cumplido en gran medida.
No obstante, en la actualidad, los jóvenes cultores y, ahora si lo manifiesto, los jóvenes poetas, somos un sector culturalmente excluido en este país.
Una contradicción espantosa, pues no solo somos hermanos de la poeta Livia Gouverneur, sino también de Víctor Valera Mora. Tal vez el único poeta que se solidarizó con Livia (Y en el Canto, Alí Primera). Con su causa. Con su sacrificio.
El Chino Valera Mora, quien hoy por hoy alimenta nuestras almas, nuestros espíritus, nuestra perseverancia como trabajadores culturales, base de la revolución que lidera el Comandante Hugo Chávez. Es su poesía la fuente indispensable de nuestro camino político desde el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, pasando por El Caracazo, hasta el 4 de febrero del 92. Y lo es porque, aunque murió en el 84, la poesía es verdad (...Cuando nombro a la poesía, nombro al hombre). La poesía es sentir. La poesía es la base de la revolución. Y sin la poesía de El Chino no existiría este proceso ni la fortaleza de quienes día a día lo construimos.
Es por todo esto que nosotros los jóvenes asumimos la poesía como un OFICIO PURO. Como un trabajo cultural. Como un arma en esta guerrilla que nos rodea.
Jóvenes del Poetariado. Jóvenes, también, en contra de la Poetocracia.
La poesía es una granada, portadora de explosiones subjetivas, que debe estar enfilada al logro de la superación de la condición humana a su condición más elevada: la revolucionaria.
La palabra es un arma, un arma poderosa que puede servirnos para operar un cambio en las conciencias adormecidas por la sociedad de consumo, por la mercantilización del arte y hasta del ser humano mismo.
¡Trabajamos!
Muchas veces doble y triple jornada, porque a pesar de que tomamos la poesía como trabajo de transformación cotidiana, no ganamos con ella más que la satisfacción de contribuir, día tras día, desde nuestra propia trinchera, con la construcción de una nueva sociedad.
Renegamos de aquel que asume la poesía desde una perspectiva individualista y academicista. Del que asume la poesía como escudo en el cual sublevar sus miserias particulares. Del que cree que nuestra misión de vida es andar de tarima en tarima y de taguara en taguara. Del coleccionista de premios y publicaciones, alabanzas y condecoraciones.
Pedimos que se nos hagan reivindicaciones justas y necesarias como las siguientes:
El poeta crea, pero no puede almorzar comida de su propia invención.
El poeta escribe, pero no puede pasar a mano dos mil ejemplares.
El poeta vive, pero no puede escribir un poema sobre una casa y vivir dentro de él.
El poeta, sobre todo, y el artista en general, no puede seguir siendo, en nuestra revolución, un sujeto explotado.
No es posible que de Víctor Valera Mora, actualmente, no hay mas que una antologia de Monte Avila Editores Latinoamericana (La de Fundarte ya no existe). No es posible que no lo hagamos nuestro. No es posible que El Chino se convierta en un callejón para los vicios y la destrucción humana. Y mucho menos es justo que sea un Premio Internacional con su nombre la única forma de que un poeta tenga ingresos suficientes por su trabajo.

Pero por sobre todo, no es posible que olvidemos que todos somos jóvenes. Que todos somos creadores. Que todos somos cultores. Que todos somos Livia Gouverneur. Que todos somos Víctor Valera Mora. Que todos somos poetas.
Termino mi participación con las palabras de El Chino Valera Mora, pero con la insurgencia de Livia Gouverneur.
Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que estoy
Con los que no tienen razón porque la tienen a mares llenos
Hasta cuándo seguir gritando que jamás abandonaré mi capa de insurgente
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa.
EL RIO DE LA MUERTE
Caronte ha muerto y las barcas están hundidas
El rio lo cruzaremos con nuestro propio esfuerzo
Ninguna puerta se abrirá para nosotros
Y seremos echados de todos los sitios
Vagaremos por una dilatada y silbante llanura
Si amargo es el destino de los poetas
Entonces vivamos a rajatabla.
Caronte ha muerto y las barcas están hundidas
El rio lo cruzaremos con nuestro propio esfuerzo
Ninguna puerta se abrirá para nosotros
Y seremos echados de todos los sitios
Vagaremos por una dilatada y silbante llanura
Si amargo es el destino de los poetas
Entonces vivamos a rajatabla.





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