
Desde este jueves 27 de octubre de 2011, La Cantera partió de Caracas con rumbo a Yaracuy. Allá, Mauricio Figueiral, Amaranta Pérez y yo, cantamos y recitamos junto a los estudiantes de la Escuela Técnica Robinsoniana Petroquímica y Agroambiental Alí Primera, quienes celebraban su Semana Aniversario y su I Promoción de Técnicos Medio que, luego de seis años de su fundación, esta escuela brindará a nuestra Venezuela.
Antes de cantar y recitar, conocimos con detalle la Institución, sus hermosos espacios, y la calidez de su comunidad. Estudiantes, obreros y directivos se montaron en el carismático tren que nos conducía por seis años de esfuerzos y de avances que, luego de ser una semilla sembrada por el presidente Hugo Chávez, hoy daba sus frutos con aproximadamente 200 estudiantes expertos en petroquímica y en materia agroambiental que, formados integralmente, desean presentarse ante nuestro Comandante para alistarse al veloz desarrollo de nuestra nación.
Allí, compartiendo con jóvenes de todas las edades, nos informamos unos a otros sobre el trabajo que estamos realizando y, de esta manera, nos comprometimos a seguirlo ejecutando de manera unificada. Entendiendo, claro está, la formación subjetiva, cultural, del ser humano, como base necesaria para la formación objetiva, científica, incluso.
Un recital de amigos, todos en círculo, con La Cantera junto a jóvenes músicos y poetas de la institución, marcó el final de la jornada de más de 3 horas que nos impulsó entusiasmados rumbo al estado Lara.


Nos fuimos inmediatamente a Lara, en donde nos encontramos con Luis Miguel Badaraco y José Alejandro Paredes para participar en las actividades del III Aniversario del Cuarto de Los Duendes, en donde compartimos con maravillosos músicos y poetas jóvenes. Semillas de poesía en una tierra fértil para la resistencia.
Nuestra estancia allá fue posible gracias a la joven poeta Giovannina Rodríguez quien, junto con toda su familia, nos brindaron una hermosa casa de afectos en sus corazones. Giovannina, integrante del Colectivo La Peña del Aljibe, nos atendió como sus hermanos. Pues eso somos. Una familia.





Así, me sentí como dentro de una patilla. Una semilla más, entre tantas. Con la maravillosa compañía de todas las personas que he nombrado anteriormente.
Además, nos presentamos en el Museo de Barquisimeto, en la Peña del Aljibe, en un encuentro intimo a la luz de las velas, que me hizo reencontrarme con maestros como Carlos Angulo, el tío Pompilio Santeliz, Gino González, Andrés Ivanchenko, y muchos otros hermanos y hermanas.
Reafirmo esta vez algo que siempre he dicho: “No es que yo sea poeta, es que me lo contagian”.
Y en este viaje, Giovanni Rodríguez y la casa que nos brindó con su palabra y abrazo, me inspiró muchísimo y me hizo reflexionar respecto a mis sentires. A continuación una pequeña muestra de esas reflexiones y esa casa:
Ser semilla
José Leonardo Riera Bravo
Hay que esperar, campesino
Giovanni Rodríguez.
Te invito a casarnos
Sobre esta acera
Que me separa de tu calle de semillas.
Deja de ser el tiempo,
Sé la espera.
Deja de ser mar,
Y sé la orilla.
Pues se puede contar cuántas semillas
Posee en su interior una patilla,
Mas no se ha de saber cuántas patillas
Esconde en su futuro la semilla.
Así,
Se hace prudente la inocencia
De admitir la prontitud
Para lo eterno
El carácter necesario del gran tiempo
Que para germinar nos solicita
Que como semilla nos asumamos
Nosotros
Que nos acostumbramos
Y en vez de ser, sembramos.
Y en vez de escuchar, hablamos.
Y por eso, nos ahogamos…
Ya no seas mar.
Sé la orilla.
En cada ola, hazte niña
Y no pienses en crecer.
Y en cada llegada, sé.
Y en cada huida, me inventas.
Y cuando lo hagas,
Revienta.
Y cúbreme de tu flor
Por si cayeran mis frutos en tu calle de semillas.
Pero antes
En tu acera
Al preguntarme si acepto
Se me olvidará la espera
Y te diré:
Sí, mi amor.













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