Por José Leonardo Riera
Al poder experimentar las sensaciones que generan los elementos que componen la Exposición “Redes Visuales, Redes Sociales” del Museo Jacobo Borges, uno tiene dos opciones: tejerse a esta realidad, o usarla para quitarse el frío de una tarde de ocio.
Y es que al entrar a cualquier museo, uno va mentalizado en cruzarse de brazos y en no traspasar esa delgada línea entre el arte y el ser humano. En mi caso, en esta reciente visita de investigación, no sucedió lo contrario. No obstante, afortunadamente, ocurrió algo que cambió mi disposición ante tal experiencia.
Cercana a la entrada del Museo, había una habitación con más de diez mujeres (y un par de hombres) de edad avanzada rodeadas de telas, hilos, telares y muchos otros artefactos que complementaban de cierta manera su trabajo. Pues eso es precisamente lo que hacían; con una serenidad envidiable, aquellas mujeres hilaban y tejían de manera fervorosa. A primera vista, daban la sensación de estar aisladas. Cada una, un telar. Con ello, fusionadas. Pero es precisamente cuando empiezas a sentirte “tejido” hacia esas mujeres y su oficio, que te percatas de que no están solas, no están aisladas, a su lado hay personas (de los estereotipos más diversos) escuchando atentos la explicación que ellas brindan acerca de su arte e, inclusive, siendo participes en la concreción de algunos materiales.
De esta manera, lo que antes era sólo un objeto en exhibición, pasó a ser un elemento que permitió la unión entre estas mujeres (provenientes de Mucuchíes, estado Mérida), el “público” y tan hermoso oficio. Y es por esto que pude entender que cada uno de los trabajos realizados es arte; y cada una de sus realizadoras, una artista. Así, la UNEARTE, el MUJABO, y esas mujeres, me hicieron conectarme no sólo con ellos, sino con mi país y mi cultura.
Una conexión muy potente, dado que aunque antes había visitado esta localidad de nuestro hermoso país, jamás había podido “tejerme” de tal manera con su cultura, con su gente, con sus oficios. Pues, como joven, muchas veces uno cierra las puertas a aquellas experiencias que a primera vista nos parecen aburridas, tediosas. Por fortuna, aún sigo siendo joven y, gracias a la oportunidad brindada por estas artistas, no sólo abrí el acceso a los conocimientos, sino que también traspasé el umbral de dicha puerta.
Así pues, corroboré la responsabilidad del arte. Allá, lejos, en el Páramo Andino, las mujeres, entre otras tantas ocupaciones, tejen distintos materiales (desde vestuario hasta muebles) en función de hacer más llevadera su vida en ese clima tan frío. Los trabajos que realizan están impregnados del amor y la conciencia de que ayudarán a muchos hombres y mujeres que, de alguna manera u otra, con sus distintas ocupaciones, también ayudan a las tejedoras. De esta forma, el arte no se limita a ser un elemento expositivo, sino que adquiere un fin práctico tanto para el que la realiza como para el que hace uso de ello. Es un proceso simple: mientras algunos cosechan los alimentos, otros los cocinan, otros los comercian y otros, no menos importantes, dan el calor necesario para que todo esto ocurra.
Es sin duda, una muestra de organización social en la cual prepondera la idea de ser útil para los tuyos, de tejerse con nuestros congéneres, de dar nuestro delgado hilo para la construcción de una cobija que arrope al mundo con solidaridad, armonía, fe, respeto y libertad.
En palabras de una de estas tejedoras:
“Mis tejidos son lo mejor porque los hago con cariño. Un trabajo realizado con cariño es un trabajo de calidad. Estar en un telar es la felicidad más grande”.
Dora Sánchez.
Dora Sánchez.
Pero el arte tiene un poder muchísimo más amplio. No se limita a fungir como enlace en una comunidad, lo hace también entre varias de ellas. En las cercanías de Mucuchíes un desvío de la carretera principal conduce a una hermosa y estrecha vía que termina en Gavidia, un caserío de 300 años en el Parque Sierra Nevada, donde hace menos de dos décadas llegó la carretera y la electricidad.
Gavidia es un pueblo de agricultores con grandes plantaciones de papa, zanahoria y ajo. El paisaje de montaña muestra las referidas siembras, linderos de piedra, pasto en las colinas, pequeñas cascadas de ríos, hermosos colores de las flores silvestres y pequeños bosques de altos árboles.
Allí, la Cooperativa “Mujeres Tejedoras de Gavidia” (Premio Nacional Arte en Comunidad 2009) desarrolla una labor que trasciende tiempo y espacio, pues afortunadamente sus trabajos también forman parte de las “Redes Visuales, Redes Sociales”, viniendo a Caracas de forma representativa, trayendo consigo la cultura ancestral que nos caracteriza con la labor que nos han dejado tejida comunidades indígenas como los Wayuu, los Ye’kwana, los Kariña, los Puinave, los Kurripako, los Piaroa, entre otros.
Con esta exposición (y rompiendo los esquemas de las “exposiciones”), el Museo Jacobo Borges, escuela-museo de la Universidad Nacional Experimental de Las Artes (UNEARTE), une los hilos ancestrales de nuestra cultura y los pone a disposición para que cada uno de nosotros, más que visitantes, participantes de esta labor, tejamos de una vez por todas nuestras semejanzas, nuestros valores y nuestros sueños. Al igual que la artista Mariángela Valerio: Pensé que podía ir tejiendo todo. Y, en efecto, no nos hemos equivocado.
Recuerda, tienes dos opciones.
Yo por mi parte, elegí tejerme a esta realidad.






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