Tercer poema de la trilogía "Los Arangues 2010".
A Sol Musset
Y llegaste de sorpresa,
Sin siquiera sospecharlo;
No como ese sol que llega
Cada mañana temprano.
Pero en fin, llegó tu brillo.
En la tarde, una alborada.
Fue una estrategia pensada
De Dios y de mi destino.
Yo con mi cara de niño
Y con mi poca experiencia
Pude percibir la esencia
De tu amar, de tu cariño.
Incluso, algo asustado,
Lejos la posibilidad
De que tu amabilidad
Me dejara desarmado.
Pues buscando el amor
Durante toda mi vida
Me encontré
Tantas veces
Tan desilusionado
Que mi corazón de niño, abandonado,
Encontró en las letras su única salida.
Escribiendo historias, queriendo vivirlas.
Creando personajes, creando compañía.
Inmediatamente,
En una tarde,
Un día,
Entendí que mi historia también se escribía.
Y en esa historia sobraron hogares,
Que inútilmente planearon ser mi casa.
Pero en fin, todo en mi entorno pasa,
O al menos casi todo,
Excepto mis pesares.
Tuve también tantas madres,
Padres, familia adoptiva,
Que ante tanta comitiva
Yo nunca quise adoptarme.
El destino y sus alardes,
Recorrí cada camino.
Y aunque llegara a algún sitio,
No siempre supe adaptarme.
Así, supe resignarme,
A vivir solo mi historia,
Escondiendo mi memoria,
Sin inventar personajes.
Nadie supo interesarse
En mi historia,
En mi papel,
Sólo Dios, que al preguntarle,
Dijo que la culpa es de él.
Pero entonces, una tarde,
Tú te adentraste en mi historia,
Sin pretensiones de gloria,
Sin filantropía ni alardes.
Tan sólo me regañaste,
Me quitaste una botella.
Caramba, forma tan bella,
Tan odiosa y ¡Qué contraste!
Más de diez años de vida sin poder ser regañado,
Y entonces, tú, que lo haces, me dejas desorientado.
Pudiendo hacer tu regaño, algo inútil, echarlo a un lado,
Responderte cualquier cosa… Yo quedé paralizado.
Pues, después de tanto tiempo,
Me pude sentir amado.
No sólo regaños fueron tus armamentos
¡Malhaya, Sol! Tus rayos:
tus fuertes sentimientos.
Pensaste en cómo estaba, o en cómo yo me siento.
Cosa que nunca hizo
Nadie
En ningún momento.
¡Y vaya atrevimiento, qué estrategia anticuada!
Viniste y me cuidaste…
Y ni yo me cuidada.
¡Y vaya, qué gran muestra de valor y osadía!
Pues viniste a quererme…
Y ni yo me quería.
Entonces me quisiste, vestiste, alimentaste,
¿Qué más puedo pedirte? ¡Ya para mí es bastante!
Y tú me construías mientras yo hacía el desastre,
Caramba, Sol, tú siempre… generando contrastes.
Y con tu gran querer me enseñaste ese día
Que nunca quiere a alguien el que no se quería.
Afortunadamente, te quiero, madre mía,
Y eso cambia, Sol, la historia que escribía:
Ahora sí me quiero,
Ahora pienso en mí;
Y ya tengo una madre,
Pues ya te tengo a ti.
Autor:
José Leonardo Riera





0 Letras:
Publicar un comentario en la entrada