En esta temporada:

martes, 16 de diciembre de 2008

El Día en Que Ya No Pueda




El día en que ya no pueda

Tocarte, sentirte, amarte;

El día en que no me duela

Estar sin ti y extrañarte.



El día en que no te tenga,

El día en que no te tuve,

El día en que me detenga…

El que ya no te mantuve.



El día en que ya no quiera

Mirar tus ojos sin verte,

El día en que yo me muera

Y ya no pueda tenerte.




El día que sea mi noche

-Noche que no pasará-…

El día que sea mi noche

Mi luz se la llevará.


El día de la semana,

De cualquier mes, cualquier año,
El día en el que mañana

Te seré sólo un extraño.



El día en que me despierte

Y no te vea a mi lado,

El día en que no despierte

Y el mundo haya dejado.





El día que ha de llegarme,

Aunque sea tarde o temprano

El día que ha de buscarme

Por praderas y pantanos.






El día que no me quieras


Y no me ames tampoco;


El día que no me vieras


Pero ni tan sólo un poco.







El día en que ya no escriba

Y canciones no componga;

El día en que ya no viva,


Ni las pulseras te ponga.


El día en que no me digas

Que debiera comer más;

El día en que las hormigas

Hagan de mi cuerpo, su pan.


El día en que no me ría

Con tus buenas ocurrencias;

El día en que no me ría

Al tener tantas carencias.






El día en que no preguntes


Que cómo yo me he encontrado;


El día que estando a tu lado


Estemos tan separados.




El día en que no recuerde


Nuestros días, nuestras noches;


El día en que no recuerde


Nuestros paseos en el coche.



El día en que yo me olvide


Que escuchábamos a Arjona;


El día en que me retire

Y deje de ser persona.




El día en que ya no hablemos

De libros y de novelas;

El día en que ya no vemos

Porque se apague la vela.



El día en que no te envíe

Con lechuzas Mis Escritos;

El día que nos desvíe

De nuestros amores y nuestros ritos.




El día en que yo te vea

Dormir sin estar dormida;

El día en que la marea

Deje el barco a la deriva.




El día que sin dudarlo algún día llegará,

El día que a mediodía un día ya no será,

El día que sea noche, madrugada, amanecer,

El día en que sea pasado, sea presente, acontecer.






El día en que ya no pueda

Caminar por tus veredas

El día en que nuestras charlas ya no sean verdaderas

El día en que no sé cómo, pero te pueda perder

Y navegando en los mares, vea la tierra volver.

El día en que ya no pueda

Dormir en tu cuerpo, mi almohada,

Y tener tu piel, mi sabana escamada.





El día que no me toques

Cuando juntos descansemos

En la cama que de noche

Sabe todo lo que hacemos.

Lo que hacemos y pensamos,

Lo que queremos y amamos,

Sabe todo lo que ella quiera,

Sabe el día en que ya no pueda.




El día en que ya no pueda

Poder, querer, o hacer,

Será el día en que no pueda

Entender, comprender, y hasta ver;

Sé que llegará ese día

Mas yo no lo esperaré

Porque El Día En Que No Pueda

Te juro que viviré.



Autor:

J.L. Riera

sábado, 6 de diciembre de 2008

Enmendemos Los Errores



Querido Señor Presidente, o ministro, o quien quiera que sea:



Le escribo hoy, sábado 06 de diciembre de 2008, a las 11:00am, para solicitarle que enmendemos algunos errores.

En el día, la fecha, y la hora antes citada se supone que yo debería estar con mi familia -mi padre, mi madre y mi hermana- compartiendo juntos en un parque, disfrutando de nuestro tiempo libre, manteniéndonos unidos, queriéndonos, en fin, viviendo libres y felices; que es lo que por derecho y por deber nos corresponde.

No obstante, mi hermana y yo nos hemos tenido que quedar solos y aburridos hoy en nuestra casa, pues en el trabajo de mis padres se les ha ordenado –entiéndase obligado- que asistan a una concentración en la Plaza Caracas, a las diez de la mañana del día de hoy, nuestro día de esparcimiento familiar. Debo reconocer que me costó mucho entender y aceptar las razones que mis padres me dieron para suspender nuestra salida semanal, no obstante, intenté comprender su situación, porque sé que todo lo que ellos hacen lo hacen en función de que nosotros, sus hijos, estemos bien. Además, ellos nos aseguraron que el día no sería tan aburrido, podríamos ver televisión todo el día.

No es así.

He encendido el televisor para intentar distraerme con mi hermana y, al hacerlo, hemos encontrado que usted, Señor Presidente, se encuentra gritando a un puñado de personas, diciendo cosas que no entiendo, y otras tantas que, inculcándome respeto, me han prohibido decir mis padres.

Señor Presidente, o ministro, o quien quiera que sea, mis padres trabajan fuertemente de lunes a viernes para alimentarnos, educarnos, cuidarnos y protegernos. Los sábados, aunque pudieran –y tal vez deberían- trabajar, comparten con nosotros, para querernos, para unirnos, para divertirnos y así recompensar el esfuerzo que la familia ha tenido durante toda la semana, y toda su vida. Los domingos ellos nos ayudan a hacer nuestras tareas, nos educan, nos explican, nos comprenden, y como hacemos bien nuestra tarea y vamos muy bien en nuestros estudios nos hacen comidas muy ricas, como pasticho, perros calientes, hamburguesas, pizzas, y cosas por el estilo.

Me gustaría enmendar esta situación, pues nos afecta de forma directa y determinante. Es un tema prioritario a enmendar, pues se trata de una familia, de dos padres, de dos hijos, que a esta hora no pueden estar juntos, no pueden compartir.

Sólo le pido que sea considerado y que la próxima vez no obligue a mis padres a ir a su marcha, o que al menos no lo haga en nuestros días de salida o de hacer las tareas. Así que por favor, enmiende esta situación.




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POSDATA: Ahora son las cinco de la tarde, y usted, Señor Presidente, aún se encuentra gritándole a cientos de personas, dentro de las cuales se encuentran mis padres.

Video entrevista radial 26-05-2010

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